Esta plancha me ha servido para reflexionar e intentar tratar desde una de las posibles perspectivas algún aspecto del proceso de aprendizaje del aprendiz en logia, pero entroncando este mismo aspecto con el mundo profano. El asunto tratado versa sobre la crisis de aprendizaje que evidencio existente, y al deterioro de la capacidad de ATENCION que se puede vislumbrar desde hace algún tiempo, y no solo en el mundo educativo.
En esta plancha, como en la mayoría de las planchas que escribo suelo intentar interconectar el mundo masónico con el mundo profano; y viceversa. Como me ocurre muchas veces, a medida que me adentro en un tema, acabo normalmente pisando otros terrenos fronterizos. Espero que me disculpéis.
Respondería a una inquietud o a una preocupación sobre un nuevo punto de inflexión evolutivo de la humanidad; que según anuncian los más pesimistas está viviendo en la actualidad y como posible involución cognitiva. En concreto afectaría a una de las facultades humanas que nos ha distinguido como especie, relacionada con los procesos de elaboración del pensamiento y con la capacidad de reflexionar sobre los hechos. Me refiero a un significativo deterioro que podría estar sufriendo la capacidad de ATENCION. Se dice que especialmente está más agudizada en las nuevas generaciones, -aunque no solo en ellas-, que sufren como nadie una epidemia de nomofobia como una de las consecuencias indeseada de la implantación y generalización de la sociedad digital.
Hay que decir que en el mundo masónico, el profano ya iniciado debe necesariamente pasar por una fase de aprendizaje, un primer grado; y para ello, se le exige comportarse como tal, asumiendo el compromiso de guardar silencio durante todas las tenidas, a las que es llamado a participar. Su aprendizaje pues está estrechamente ligado al compromiso del guardar un silencio. Sí, un silencio, pero hay que decir activo. Tanto de palabras, como de deseos; pero también de pensamientos provenientes del mundo profano. Se trataría a su vez de eliminar
o vaciar el «ruido» de su interior que genera el ego expansivo y que impide aprender y crecer. Se espera con ello dar oportunidad a la reflexión, a la introspección, al autoconocimiento…etc.
En mi opinión, dentro del Templo. en el espacio sagrado, el aprendizaje del iniciado será posible siempre y cuando al silencio activo le acompañe a su vez la inactividad plena. Desde esa inacción plena el aprendiz puede detenerse en la mirada; que le dará entrada a observar todo lo que acontece en el universo del templo. Detener y detenerse en la mirada, (más que en la observación propiamente dicha que derivaría de ella), y también en la escucha abierta que la sigue. es cuando entonces se posibilita desplegar la ATENCION. Este despliegue habrá exigido un previo trabajo negativo de vaciarse, de pararse, y como se ha dicho de detenerse…. Este estado de atención le invitará a vivir con alegría el presente infinito, tiempo en el que se desarrollan los trabajos masónicos; ayudado por los símbolos y los rituales. Logrando con ellos ahuyentar los tiempos lineales y finitos del pasado y del futuro, y que aprisionan a todos.
¿A qué me refiero con la palabra Atención?: que nos encontraríamos en un estado especial y perfecto para el aprendizaje; y que yo precisaría más como de aprehendizaje, con h. Atención viene de Atender; y atender hace referencia a las ideas de esperar y aguardar. En estado de atención es más fácil alimentar a la llamada concentración; es decir, una forma de llegar al centro (o sustancia) de los objetos compartida conjuntamente con el sujeto (con-centración). Evoca pues a la quietud de la espera, a esperar que algo llegue, con la una única mirada y escucha focalizada en los acontecimientos que se suceden en el espacio sagrado del Templo. Una compartida mirada contemplativa; es decir, con-templo.
Cuanta más capacidad de atención mental y de contemplación, mayor será la manifestación del ser de los objetos, y por tanto más clara la toma de conciencia de los mismos. Sin atención, por lo contrario, la realidad pasará desapercibida y dejará de existir; al dejar de ser aprehendida (con h).
El aprendizaje de las cosas basado en la mera adquisición de conocimientos a través de la observación, quedaría «cojo» si no se es capaz de haberlos aprehendido previamente, de haberlos incorporado y asimilado, a través de esa mirada contemplativa. Aprehender con h, implica una captura de las cosas Y una asimilación, y por ende una mayor comprensión de las mismas; compartiendo centralidad con con-centración.
En el actual mundo profano, en el cual los masones también estamos inmersos y somos parte, aparecen obstáculos que van mermando poco a poco esa facultad humana, esa capacidad de ATENCION. Es sabido que estamos inmersos en la sociedad de la hiperactividad y de las multitareas, en donde se encuentran empantanados la mayoría de los individuos. Los cuales mayoritariamente asumen los postulados de esta hegemónica sociedad capitalista del rendimiento. Individuos que aceptan su propia autoexplotación, confundiéndola en muchas ocasiones con una pretendida autorrealización. Un mundo vertiginoso que nos aleja paulatinamente de aprehender la realidad, de capturarla, de reflexionarla, ante la imposibilidad de detenerse, de parar. Añadiendo a ello que también estamos inmersos en una sociedad digital que satura el paisaje con constantes imputs informativos, con información masiva de carácter serial, no narrativa, y que dispersa la posibilidad de atención. Los tiempos futuros y pasados son los que imperan en la vida cotidiana. De la mayoría. Una tela de araña que atrapa con el que hará y habrá y con el que hizo y hubo.
Existen evidencias que la aceptación generalizada de este proceder está ya forzando incluso los propios límites humanos; colapsando muchos de esos individuos a nivel neuronal, desarrollando nuevas patologías. Lo que ya estaría anunciando una necesaria y urgente pedagogía de la desconexión, aunque sólo fuera ya por razones higiénicas de salud.
En este marco social, la Inactividad se aprecia peyorativamente y se entiende en una acepción negativa como no-actividad, como contraria y como una negación de la Actividad. No se vislumbra la Inactividad contemplativa como un espacio propio, con propia identidad, a desarrollar. Espacio que hemos olvidado existe. Un espacio que posibilita la ATENCION y el poder alcanzar la alegría de vivir al reencontrarnos con el presente; y por ende reconocernos y rescatar lo humano de nosotros. El espacio sagrado del templo puede devenir en uno de esos pocos espacios «liberados» para desarrollar y entrenar la ATENCION y por tanto de preservar nuestra capacidad de aprendizaje también en el mundo profano.
En la actualidad presenciamos como nuestra soberanía corno humanos se está diluyendo, y está dando paso a un voluntario proceso de esclavización a través de asumir esa autoexplotaclón confundida corno autorealización. Se asume como positivo someterse al ritmo frenético de la hiperactividad y a las multitareas, que nos abocan a una sociedad del cansancio, como ha definido el filósofo germano-coreano Byung-Chul Han; y a una errática existencia en un mundo que le es cada vez menos comprensible ante los constantes imputs Informativos de carácter masivo y serial, provenientes de las múltiples pantallas deslumbrantes que nos Invaden en nuestra vida cotidiana. Lo que nos aboca a una atención superficial y efímera, no contemplativa que exigirla sus tiempos; Imposibilitando la reflexión profunda y condenándonos a una dispersión cognitiva. Sociedad a la que algunos han querido denominar sociedad de la distracción.

Nuestras Democracias quedan golpeadas, ya que en la medida en que la población de sus sociedades no tengan la capacidad de atención suficiente, estos serán objeto de manipulación, deviniendo en meros sujetos pasivos a remolque de las decisiones de los poderosos. La Democracia según Johann Hari serla una forma de atención colectiva sostenida.
A través de la mirada y la escucha contemplativas el tiempo se detiene; y por ende la realidad, se hace más accesible; dando tiempo a aprehender y a comprenderla. No es lo mismo la percepción de la realidad que nos envuelve en un tren de alta velocidad, que la percepción que se puede tener deambulando (que no marchando) por un parque. Hay pues más posibilidades de acercarnos a la verdad. Por ello entiendo que en el actual contexto, la Masonería deviene, o podría devenir en este contexto en una excepcional escuela de recuperación de la Atención.
Ese estado de atención profunda, ya fue reclamada por los estoicos, que llamaron prosoche. El prosoche es una actitud que gira sobre la atención viva de todos los instantes de la vida, concentración en el momento presente, único tiempo con valor Infinito. El ºaqul y el ahora’\ el Instante, carente de temporalidad lineal, es lo único que nos hace eternos; y que exige ese silencio Interior.
eLa masonería, siendo heredera quizás de estas u otras tradiciones de la Historia, también estaría haciendo hincapié en la gran importancia de la Atención, al exigir del aprendiz ya iniciado el esfuerzo del silencio activo y por ende de la inactividad plena. Se trata con todo ello de saber detener el tiempo, a través de aprehender los rituales eternos y los símbolos atemporales. Estos por su perennidad y a través de su repetición posibilitan parar el tiempo y recuperar el presente eterno. Pienso, pues, que la masonería corno escuela podría posibilitar a sus miembros, siempre eternamente aprendices, recuperar y desarrollar esa atención y rescatar de ellos lo humano. Cuya sustancia se va diluyendo, quizás trágicamente, en esta sociedad del cansancio y de la distracción. El símbolo y los rituales se convierten en verdaderos instrumentos útiles.
Aristófanes decía que los humanos en su origen eran seres esféricos, y al convertirse demasiado poderosos, los dioses los dividieron en dos. Desde entonces cada mitad aspira a reunirse con su otra mitad. Esa mitad se llama en griego Symbolon. Lo simbólico promete una plenitud de ser; sin él somos fragmentos. Solo a través de lo simbólico, de lo estético, es posible el sentir compartido; y su falta agudiza la falta de ser; condenándolo a la segmentación y fragmentación social.
Por último, para acabar, decir que espero en algo haber podido llamar la atención sobre la Atención.








