Sirva esta plancha como un pequeño homenaje a la figura de Averroes y a su obra. Figura relevante del pensamiento islámico que ayudó a la Europa cristiana a salir de su postración intelectual en la que se encontraba desde hacía siglos. Fue en parte depositario de la tradición filosofía desarrollada en el Oriente y en la Persia islámica fecundada por la reflexión y los debates de una estirpe de filósofos-médicos (Avicena, Al Farabi, Al Razi…) y de filósofos del “corazón” y místicos sufíes y chiíes (Al Ghazali, Rumi, Suhrawardi…), que tenían como referencia las lecturas de los filósofos clásicos griegos y la lectura del libro sagrado de los musulmanes.
Con la llegada de las traducciones de la obra de Averroes y de sus Comentarios de Aristóteles a Europa se inicia en el siglo XIII un proceso imparable de emancipación del pensamiento respecto a los dogmas considerados eternos por la Iglesia católica; abriéndose paso, poco a poco, una sociedad intelectualmente más abierta y secular, en donde algunos de sus miembros se sumarán al atrevimiento de ejercitar el libre pensamiento. Con ese ejercicio pues se estaría haciendo uso de la capacidad que cada uno puede tener de aprehender los hechos que experimenta; y de poder entenderlos y comprenderlos a través del uso de la razón, sin mediar prejuicios, y al margen de los dogmas impuestos.
En ese sentido el cordobés Averroes fue un librepensador avant la lettre, como dirían los franceses; asumiendo incluso personalmente las consecuencias que se podrían derivar de su compromiso intelectual. Compromiso, que al poco tiempo de su muerte ayudaría a impregnar con razón filosófica y el naturalismo aristotélico el espacio intelectual europeo. Este año 2026 precisamente se celebra el 900 aniversario del nacimiento de Averroes, nacido en el año 1126; y en un 14 de abril (el mismo día de la declaración de la II República, como también el mismo día del levantamiento de columnas de nuestra muy respetable logia).
Cabe decir, que su obra y las de Aristóteles comentadas por él tuvieron una entrada virulenta en las recientes creadas universidades, como la de París y después la de Padua y Bolonia entre otras, controladas por la Iglesia; con distintas reacciones inmunológicas. La de los que serán llamados averroístas latinos (Siger de Brabante, Boecio de Dacia…) que reivindicarían con mayor radicalismo la autonomía de la razón filosófica sobre a la revelación religiosa. O como la de los pensadores escolásticos, como los dominicos Tomas de Aquino y Alberto Magno, considerados como averroístas más moderados; que pretendieron armonizar la razón y la religión; tratando de cristianizar el racionalismo y el naturalismo traídos con el pensamiento islámico del momento desde el Al-Andalus. La caja de pandora ya se había abierto, y había que tratar sí o sí el tema de la relación de la Filosofía y la Religión; Razón y Revelación.
Hay que señalar que gran parte del legado de los clásicos griego se había conservado en el mundo Oriental islámico, y que incluía también la Persia histórica (Irán actual). El cual pudo ser traducido al árabe. Las minorías griegas y los cristianos asirios que permanecieron en la zona tras la conquista musulmana ayudaron en esa tarea. En cambio, en Europa el legado tras la caída de Roma se habría quedado reducido a la tradición latino-romana. Era conocido, por lo demás, algún texto de lógica de Aristóteles; y sobre todo a Platón y el neoplatonismo idealista, que era más acomodadizo con los dogmas católicos agustinianos.
Una breve contextualización del personaje se hace necesaria. Es en la ciudad cosmopolita de Córdoba donde nació y vivió Averroes y que entonces era la más grande de Europa, con más de 300 mil habitantes. El nivel cultural del Al-Andalus y en particular el de Cordoba eran muy altos. No existía prácticamente el analfabetismo; siendo raro que hubiera alguien que no supiera leer y escribir. No era así precisamente en el mundo cristiano europeo. Se dice que tenía una gran biblioteca de unos 400 mil manuscritos. Provenía de una familia andalusí de juristas, de jueces (cadís), y que recibió una formación exquisita en todas las disciplinas existentes (derecho, medicina, astronomía, matemáticas, filosofía…). El también acabaría siendo juez; y también médico. Vivió la etapa almorávide del Al-Andalus; que era un movimiento religioso riguroso impulsado por unos monjes-guerrero provenientes del Sahara, que con su llegada a la península acabaría con los reinos de Taifas. (El velo masculino –lidham- se había impuesto, y el femenino se relajaba). Y también vivió la posterior etapa de los Almohades, que sustituyeron a los primeros. Otro movimiento religioso rigorista que llegó desde el Atlas; pero al parecer algo más permisivo con la actividad intelectual y los filósofos.
Precisamente el primer califa almohade, siendo persona inquieta culturalmente, y estando informado de la buena preparación cultural de Averroes, le encargó que profundizara en la obra de Aristóteles para que se las explicara ya comentadas, ya que no eran fáciles de entender para nadie. Así se embarcó en un trabajo intenso de lecturas e interpretación, de donde surgirían una de sus obras más relevantes, la del compendio de los Comentarios a las obras de Aristóteles.

Averroes, además de creyente y lector profundo del libro sagrado del islam, como también de los clásicos griegos; también sería conocedor de las filosofías espirituales sufís, que en Cordoba tenían una presencia significativa, siendo coetáneo suyo precisamente el místico Ibn Arabi. Entendía pues que el Libro Sagrado revelado por el Profeta contiene una letra exotérica (zâhir) y uno o varios sentidos esotéricos (bâtin). O sea, existen varios planos de interpretación y comprensión distintos. El ta’wil es una especie de interpretación espiritual que actúa como fuente de meditación filosófica en el Islam. Ta’wil significaría “llevar algo de vuelta a su principio”; o sea el proceso de retirar el significado literal para revelar el sentido oculto o esotérico. Los textos son símbolos que deben ser descifrados a través de la imaginación activa. Seguramente le ayudaría a descifrar también los textos difíciles de la obra racional y naturalista aristotélica; así como, el poder desentrañar significados de la letra del libro sagrado que armonizaran con las interpretaciones racionales.
Concluiría pues, en que la filosofía y la religión sería dos caminos para llegar a una misma verdad. La verdad no puede contradecir a la verdad, y si en apariencia se contradicen es porque habría un problema de interpretación. Los textos sagrados necesariamente deben interpretarse desde la razón. Sólo los filósofos pueden razonar correctamente y la capacidad de comprender el sentido esotérico contenido en la palabra escrita en los textos sagrados; y también saber interpretar correctamente el sentido exotérico de esas mismas palabras, que han sido presentadas como alegorías únicamente para facilitar cierto entendimiento de la verdad al vulgo, que es más limitado intelectualmente. Dando así el mayor peso a la primera, a la razón filosófica, estaría afirmando su autonomía y emancipándola de la revelación religiosa. Atreviéndose a criticar a los teólogos islámicos (ulemas, alfaquíes) por ser meros retóricos y de utilizar un método no demostrativo, que bordearía incluso en su opinión la superstición.
El llamado averroísmo latino, que surge inicialmente en la Universidad de París y que después será acogido en la de Padua y Bolonia, tras distintas condenas de sus obras por parte de la Iglesia y la Inquisición francesa, pasará a ser su expresión más radical. Se decantaría ya claramente sobre la superioridad de la razón filosófica respecto a revelación religiosa, como vía única para alcanzar la verdad. Defenderá la que se ha llamado como Teoría de la doble verdad. Lo que es verdad en filosofía puede llegar a no ser verdad en teología; y viceversa. Por tanto, con ello, parece quebrarse la idea de una verdad única. Muchas de las obras consideradas heréticas de los averroístas en 1277 fueron condenadas por la Iglesia, incluyendo más de 50 manuscritos del moderado Tomas de Aquino. (La idea de la doble verdad averroísta vemos que está bastante asumida e interiorizada culturalmente por nuestra sociedad; por ejemplo, en algunos temas de calado social, y aunque aún sean objeto de debate, como sería el caso del ejercicio del derecho al aborto, parece que exista un consenso mayoritario de dejarlo “a la conciencia y a la verdad de cada uno”).
Averroes utilizará para explicar el proceso de conocimiento -que subyace al razonamiento- los conceptos aristotélicosde intelecto agente e intelecto pasivo o material. (Cuando se estaba hablando de intelecto no se hablaba propiamente de alma si no de una cualidad del alma, que se puede asociar al entendimiento). Desvelando sus significados, y probablemente practicando el ta’wil sobre las palabras, llega a la conclusión que hay sólo un único, separado y eterno intelecto agente y común para toda la humanidad, que tiene pues una dimensión cosmológica. La capacidad de conceptualización de lo percibido, de captar sus universales (sus formas inteligibles) que diría Aristóteles, se debe a la intervención de ese intelecto agente; de la que es la única depositaria la Humanidad. Dice: “Así como la luz hace visibles los colores que en la oscuridad permanecen en potencia, del mismo modo el intelecto agente ilumina los objetos del pensamiento y los extrae de la potencia a la actualidad, actuando sobre el entendimiento individual”. El intelecto individual pasivo recibe los conceptos como materia, como un bloque de mármol esperando ser moldeado por el intelecto activo o agente.
Esa recepción es posible -dice- a través de la imaginación, la memoria, la potencia cogitativa y el sensorio común. Los llamará sentidos internos del proceso cognitivo. Averroes los situará en el cerebro. Por lo que estaría diciendo que es una ‘capacidad corporal’ la que hace posible entender (no una iluminación divina). Sentidos internos corporales que a su vez nos permitirán recuperar de nuevo la imagen, la de ‘representar algo’ con lo que ya no estamos en contacto sensible en un momento dado. (Hasta entonces el cerebro era un mero refrigerador del cuerpo, del corazón; ahora será depositario del alma/intelecto individual). Por tanto, como cuerpo biológico la ciencia del alma o intelecto es un capítulo de la física; por lo que su estudio lo debe realizar el filósofo natural o científico; en consecuencia, no los teólogos. Con la muerte del cuerpo ese intelecto pasivo (receptor) y material también desaparece. Por lo tanto, el alma/intelecto individual no sería eterno o inmortal, como sí sería eterno e inmortal el intelecto agente, que es único y común de toda la Humanidad (monopsiquismo). Lo que me hace pensar en la idea del ‘Bien común del Conocimiento humano’, acumulado durante los tiempos a través de las distintas aportaciones individuales. Como se puede apreciar esta filosofía natural necesariamente colisionará con los dogmas de los teólogos, sean del Islam o sean de la Cristiandad; defensores de la resurrección del cuerpo a través de un alma inmortal individual. (Cabe mencionar que Averroes, como filósofo natural y médico, investigó el sistema nervioso central; así como, la retina que consideró que era el órgano receptor de la luz y no el cristalino. No creo que sea una casualidad de que el Hno.: Santiago Ramon y Cajal eligiera en su iniciación en la masonería el nombre simbólico de Averroes).
Cuando invocamos en nuestras planchas al Progreso de la Humanidad me rememora ese monopsiquismo averroísta del intelecto agente separado, eterno y único de la Humanidad, al que brindamos nuestros trabajos; con la esperanza de que el Conocimiento, como un bien común compartido, a su vez pueda iluminar a otros, tras la desaparición de nuestro intelecto individual pasivo y material que acompaña siempre a la muerte de nuestro cuerpo.
Su racionalismo y naturalismo filosófico le hará colisionar como libre pensador también con otro dogma de la palabra revelada, cuando defienda la tesis de laEternidad del mundo. En base a la física aristotélica, entendiendo el significado profundo de sus ideas de movimiento y causa,yaceptando de partida la idea aristotélica de la eternidad del mundo, se enfrenta al dogma de la creación del mundo desde la nada bíblica: es decir, una creación desde la nada (ex nihilo). Si hablamos de Creación, dice,estamos aceptando que también se inicia el tiempo, lo temporal. Cuando se habla de eternidad del mundo se está hablando de su atemporalidad. No obstante, acepta utilizar un concepto de Creación cuidando de no colisionar bruscamente con la ortodoxia de los teólogos, utilizando argumentos racionales: si el tiempo ha sido creado entonces “es que ha existido después de no haber sido nada; es decir, antes de que existiese; más como los conceptos de antes y después se refieren a partes del tiempo, resulta que el tiempo existiría antes de existir”. Utilizará también argumentos meramente teológicos, como creyente que era y jugando en el mismo ‘campo del contrario’, como: “no consta, en efecto, en la revelación divina que Dios coexistiese con la pura nada; eso no se halla textualmente en parte alguna de la revelación”. Defiende que el mundo es coeterno a Dios, “Nada impide el efecto y la causa se den simultánea mente…” “El mundo como existe desde siempre no necesita un creador más bien un hacedor o artesano” (Lo que nos puede recordar a la idea simbólica del Gran Arquitecto del Universo). Habla de un mundo eternamente creado, que se va haciendo eternamente; en constante movimiento y generador a su vez de otros movimientos; y con un tiempo eterno, sin un inicio ni un final. La física aristotélica y la eternidad del mundo averroísta influirán en figuras como Copérnico, que en la universidad de Cracovia ya conoció el averroísmo.
Todo ello, ese proceso de alejamiento de los dogmas religiosos tendrá impactos también en el futuro pensamiento político y social. El averroísta Marsilio de Padua en su obra “Defensor Pacis”, en 1324, argumentará que el poder político proviene del pueblo (el “legislador humano“) y no de una autoridad divina. Marcará así una separación clara entre el poder temporal y el espiritual; sentando bases seculares y democráticas que anticiparán el pensamiento político renacentista, el Estado moderno laico, y la Laicidad. La importancia de Averroes en el pensamiento renacentista se visibiliza y refleja con claridad en el cuadro de Rafael, el de “La Escuela de Atenas”, en donde Averroes se encuentra presente y reconocido entre los grandes filósofos clásicos.
Para acabar, hay que decir que Averroes murió como podría suponerse de un librepensador de esa época en el exilio político, en Marrakech. Exilio forzado por la presión ejercida tanto por los teólogos por sus ‘heréticas ideas’; como además por la animadversión de las familias poderosas de Cordoba, que no le soportaban su mordaz crítica sociopolítica en contra de la corrupción de los poderosos de su época. También en el terreno social, es de justicia recordar, que fue un ‘verso suelto’ en sus tiempos, en relación con sus atrevidas opiniones en contra de la discriminación de la mujer; basándose en su naturalismo, reconocía la igualdad natural de la mujer y el hombre, y por tanto era sabedor de sus mismas capacidades intelectuales, defendiendo en consecuencia su derecho a la misma educación y a la participación pública.
Fue poco tiempo después trasladado su cadáver desde Marrakech a Cordoba para su entierro definitivo. Allí estaría presente el gran filósofo y místico universal sufí, el murciano Ibn Arabi, que relataría una escena de cierta simbología: el ataúd de Averroes fue colocado sobre una mula de carga, equilibrándose en el lado opuesto con sus propias obras (sus comentarios a Aristóteles) para servir de contrapeso. Ibn Arabi comentó: “Aquí está el maestro y aquí está el discípulo… “. Visualizando una dualidad filosófica existente en pensamiento filosófico islámico de la época: la unión de la razón (Averroes y su obra) y la filosofía intuitiva y espiritual, que continuaría un joven Ibn Arabi.








