Abordo la redacción de este artículo con el ánimo que despierta mi vocación y formación profana como historiadora, con esa ilusión que nace del hecho no sólo de asistir y ver de primera mano el desarrollo de un acontecimiento que, sin duda, puede y debe ser calificado de histórico en la Masonería, sino también de la particularidad de tomar parte en el mismo acto de la consagración, como miembro de una de las logias fundadoras.

El día amaneció lluvioso en el Oriente de Barcelona. Permitiéndome dejar fluir una brizna de pensamiento irracional. Acogí la lluvia, antaño símbolo de fertilidad y prosperidad, como la representación de un buen augurio.

El viaje desde Asturias, había trascendido la mera funcionalidad y adquirido un importante componente iniciático, devolviéndome a los tiempos de Compañera y con la diferencia de que en esta ocasión, la dualidad del mundo profano y el mundo masónico convivía en esos primeros momentos del camino.

Pasos perdidos fue un espacio de confluencia, reencuentros y bienvenidas y en medio de todo, eso, cada uno se preparaba, a su manera, para el momento histórico que íbamos a vivir.

Mediodía en punto llegó y los trabajos dieron comienzo. De nuevo la dualidad regresó a mí. Hacía 129 años de la creación de la última Orden Masónica europea y mi mitad profana, estaba profundamente emocionada ante el hecho de vivir el evento en primera persona. Pronto descubriría que la inmensa mayoría de Hermanos experimentaban sensaciones de alegría, entusiasmo, satisfacción… perceptibles a ojos de terceros a pesar de la contención de ánimo que demanda el ritual.

La C.I.L.E. nace como un nuevo movimiento masónico, con un carácter marcadamente regenerador de las derivas que la Federación Española del Derecho Humano, obediencia de la que provenimos gran parte de los fundadores, está tomando en los últimos años.

La Confederación se compone de talleres autónomos y sus trabajos masónicos se guían por el Rito Escocés Antiguo y Aceptado del 1º al 33º grado. Sus miembros, trabajan unidos bajo los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad y Laicismo sin ninguna distinción de género, orientación sexual, etnia, origen social o convicciones, siempre que estas últimas no atenten contra la dignidad de las personas, la justicia o los principios fundamentales.

La Logia El Trabayu es una de las logias fundadoras, junto con Llum i VerdadLumiére du Coeur y el Soberano Capítulo el Secret y la Rosa. En el transcurso de la ceremonia, el ilustrísimo hermano Alain Weill, fue elegido Gran Maestre.

El logo, compuesto por una corona de treinta y tres rosas, la escuadra, el compás y la espada flamígera, representa los ideales que encarna la CILE. La corona es el símbolo del amor fraternal que reina entre los hermanos de la Confederación. Cada rosa, representa asimismo, cada uno de los treinta y tres grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. La escuadra, primer útil representativo de la Francmasonería, representa la rectitud por la que cada uno de nosotros debe guiar sus pensamientos y comportamiento. El compás, segundo útil representativo de la Francmasonería, es la herramienta de creación por excelencia, ya que nos ayuda a encontrar el medio de hacer brillar nuestros ideales. Por su parte, la espada flamígera es el símbolo de la iniciación, así como también del juicio que debe evidenciarse en cada uno de nuestros actos.

Es así que en el seno de los talleres presentes y futuros se practicará la Francmasonería escocesa en un rigor fraternal por la materialización de los ideales humanistas de la Masonería y dentro del respeto absoluto de las convicciones de cada uno de los miembros guiados por el REAA.

Que la luz de estos trabajos alumbre para siempre nuestra vida masónica.

Que se prolongue en el tiempo, más allá de nuestra propia existencia.

Que brille sempiterna y se torne faro para las nuevas generaciones de constructores del templo Al Progreso de la Humanidad.

Que así sean para siempre la Libertad, Igualdad y Fraternidad en las sociedades.

El original de este artículo está en la página de eltrabayu.es

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