el_arbol_de_la_sabiduria_masónica

No hay nada más efectivo para el Aprendiz Francmasón que ver cómo actúa el simbolismo en los rituales. La vivencia de unos va más allá de la razón, y para otros, es una forma más de expresar el pensamiento razonado. El camino aquí siempre será personal.

Vamos a utilizar el símbolo del árbol para esta Plancha, pero no un árbol cualquiera, sino el árbol del Conocimiento Masónico, que pertenece a aquellos que se hayan Iniciado en la masonería en cualquier lugar del mundo.

El árbol del conocimiento tiene raíces muy profundas. Ahí encontramos la memoria de la Masonería, la Inteligencia y su sabiduría, en definitiva lo cognitivo, que vitaliza todo el árbol.

Todo empieza con la primera Germinación. Una radícula tierna y minúscula rompe la semilla con su propia Fuerza en la oscuridad de la tierra, comienza a expandirse primero al nadir y posteriormente al cenit, para recibir la primera Luz. Los Ideales de la masonería son esas fuerzas, las fuerzas para llegar a tener raíces profundas, para hacer crecer un árbol del conocimiento tan valioso.

Desde el principio de la masonería especulativa hasta ahora, los Ideales de la masonería no han cambiado: Libertad, Igualdad, Fraternidad, y su influencia ayudó durante siglos, no solo a los masones a nivel personal, sino también socialmente a combatir la desigualdad, la tiranía y el odio.

En este aspecto, debemos hacer un ejercicio de humildad y sobre todo de fraternidad con otros movimientos que son, junto a la Masonería, hijos del Siglo de las Luces, y sin los cuales los antiguos regímenes no hubiesen podido ser derrocados. Sí, debemos hablar de regímenes en plural, puesto que estos no sólo regían el ámbito territorial o político, sino que interferían en el ámbito cultural, en el ámbito del conocimiento, en el ámbito científico o en el religioso.

Contra esos regímenes absolutistas siempre se situó la F.·.M.·. especulativa, desde su andadura en Inglaterra, cuando las sangrientas guerras de religión que asolaban Europa pusieron de manifiesto la necesidad de la tolerancia religiosa, así como la necesidad de separar Iglesia y Estado, como pregonaron John Locke y los Ilustrados. A pesar de la condena vaticana, la F.·.M.·. no es anticlerical, sino que en su seno encontramos una absoluta libertad de creencias y conciencia, ideas reflejadas en sociedades como las de Montesquieu o Voltaire.

A menudo, se vincula la masonería a la Revolución Francesa (incluso en casos extremos, como el del jesuita Agustín Barruel, se la llegó acusar, sin razón, de instigadora de los acontecimientos que derribaron el antiguo régimen). Lo cierto es que, al contrario que otras sociedades de corte secreto o discreto, como los carbonarios, la F.·.M.·. nunca instigó a sus miembros a actuar contra el orden establecido por medios violentos.

Tanto revolucionarios como borbónicos adornaron Columnas Masónicas. Lo indiscutible es que el modo de trabajar en Logia se trasladó a una sociedad ya receptiva a los valores de Libertad, Igualdad y Fraternidad (compartidos por revolucionarios y masones) gracias al movimiento Ilustrado. Con este guarda la F.·.M.·. una sólida relación, uniendo a ambos el deseo de disipar las tinieblas mediante el uso de la razón. Por ejemplo, entre los autores de la Enciclopedia de Diderot figuran 17 masones.

Al otro lado del Atlántico, si bien las grandes Logias sudamericanas no pretendían hacerse cargo de un proceso revolucionario, muchos hombres considerados como «Padres de la Patria», como Benito Juárez, José Martí, San Martín y Simón Bolívar, eran masones. De nuevo, las logias, en donde se disertaba en igualdad y libertad, fueron un buen punto de encuentro para el intercambio de ideas.

Interiorizar el principio de Igualdad fue quizás lo que llevó a Concepción Arenal a defender los derechos de los reclusos, a otros a defender al proletariado (la R.·.L.·. Philadelphos), a Francisco Ferrer y Guardia a fundar la Escuela Moderna, poniendo la educación al alcance de una capa de la población cuyo acceso había sido anteriormente impensables, con ateneos y clases nocturnas.

El tronco de éste árbol masónico es tan amplio como sus raíces, dentro de él se encuentran todas las Grandes Logias, Obediencias y Órdenes desde la primera, La Gran Logia de Inglaterra, hasta la última, que sepamos, nuestra recién nacida Orden: Confederación Internacional de Logias Escocesas, (C..I.·.L.·.E.·.) que se consagró el día 12 de Marzo del 2022 en Barcelona y de la que somos partícipes.

La C.·.I.·.L.·.E.·. es joven. Pero para nosotros representa la promesa de una Francmasonería que crea las verdaderas condiciones de emancipación de sus miembros hacia la construcción de un mundo mejor, en aplicación de sus principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad, y con total respeto para las opiniones y las creencias de todos las Hnas.·. y los Hnos.·..

Templo_masonería

Las Obediencia y Órdenes albergan Logias; las pasadas, las presentes y las que en un futuro quieran agruparse por afinidad en el Rito o por cualquier otra causa. La Fraternidad no tiene fronteras ni límites, es una vivencia que se practica.

Las grandes ramas que salen de su Tronco son las líneas de Trabajo masónico que tienen las Logias, así pueden ser Simbólicas, Sociales, Iniciáticas, Filosóficas, de Investigación, Temáticas, etc. Aunque atendiendo a la diversidad de sus miembros, habrá ramas que conciliarán todas las líneas y contendrán Trabajos mixtos. Ramas sin línea, abiertas a todo y a todos.

Así pues, los Aprendices tienen que saber la historia de la masonería y valorar el esfuerzo de Hermanos que a lo largo de 300 años acumularon Conocimiento y lo transmitieron de unos a otros para el bien de la Humanidad. Ellos son ahora parte de esa cadena pero están en una fase de formación, para ser ellos en el futuro los transmisores.

También deben saber la historia de su Logia: fundación, Hermanos, Ideales, Trabajos, etc.

A los ojos de un Aprendiz toda la historia del árbol del Conocimiento masónico es como un cuento; las raíces llenas de Sabiduría que nutren a un tronco lleno de Órdenes, Obediencias y Logias y frutos que se derraman socialmente.

Pero el Aprendiz sabe que sus herramientas le son dadas para pulir su piedra. La regla le sirve para medir lo que está a su alcance. Su maza y Cincel le hablan de un trabajo cercano, su trabajo en Logia.

Entre ese mundo del Árbol simbólico y su Trabajo básico hay mucha diferencia, pero sabe que está empezando, que hay grados y que tiene que formarse para dar fruto. También se da cuenta de que participa de esa Fraternidad Universal en las Tenidas ya que sabe que las medidas de su Logia cuando se abren Trabajos no son mensurables pues van de Oriente a Occidente, de Mediodía a Septentrión y del Cenit al Nadir. Su individualidad desaparece en un espacio infinito junto con todos sus hermanos.

Es nuestro deber como F.·.M.·. que nuestra discreta sociedad haga una simbiosis real con la “gran” sociedad, de la cual ningún francmasón serio debería mantenerse al margen. Lo que la sociedad actual aporta a la F.·.M.·. es más visible que lo que la F.·.M.·. aporta a la sociedad: el estado del bienestar y las condiciones de libertades civiles (que permiten que nuestras reuniones tengan lugar) son dos ejemplos. Lamentablemente esto no ocurre en muchos países.

Es aquí que la Francmasonería debe, a través de sus trabajos, aspirar al perfeccionamiento de cada uno de sus miembros, de manera que el trabajo tenga una repercusión real en el exterior. De no ser así, lo único que estaríamos haciendo en las tenidas es revolvernos en narcisismo y autocomplacernos.

La Logia es un centro de Unión, es el lugar sagrado y simbólico donde desaparecen las individualidades egoístas y se unen nuestras fuerzas y nuestras diferencias para contribuir en la edificación de un mundo mejor. Como dice el ritual, dejamos nuestros metales a la puerta del templo y nuestras miradas se vuelcan hacia la Luz. Lindas palabras que para ser reales significan primero trabajar sobre nosotros mismos, puliendo la piedra, rectificando, cultivando el respeto y la tolerancia hacia los Hnos.·. y Hnas.·. sin dejar de ser exigentes hacia nosotros mismos y hacia todos en cuanto a nuestras actitudes y nuestras acciones.

El camino que hemos iniciado con la C.·.I.·.L.·.É.·. es un camino que nos llena de ilusión y de esperanza, con un sentimiento tal vez de ser ‘pioneros’. Al mismo tiempo debemos ser conscientes de que el camino será largo, requiere el compromiso y el trabajo de todos los Hnos.·. y las Hnas.·. fundadores en todas las 3 Logias. Tenemos conjuntamente una enorme responsabilidad para sembrar, cosechar, crecer como un árbol y fortalecer nuestros vínculos fraternales.

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